tinto graciano con caracoles

No todos los pueblos aprecian de la misma forma los caracoles, hermafroditas insuficientes que provocan muescas de asco en anglosajones y escandinavos.
Para ellos, el caracol no deja de ser un bicho despreciable, y la bárbara costumbre de comérselos, a lo sumo una curiosidad etnográfica de los pintorescos países meridionales. ¡Allá ellos con su estirada ignorancia!

El caracol es un manjar sublime que hizo las delicias en los festines romanos, tan amantes de su carne misteriosa, casi divina, que crearon granjas especializadas donde se les cebaba con vino y salvado.
En la Edad Media fue estimado plato cuaresmal, no sin arduas discusiones sobre la categoría de su carne. Mereció elogios y recetas de los más afamados cocineros de la época: Enrique de Villena, en su “Ars Cisoria”, Diego Granado, en su “Libro del Arte de la Cocina”, etc.
El Príncipe Talleyrand encargó al genial cocinero Careme un plato de caracoles para obsequiar al Zar de todas las Rusias mientras se dibujaba, una vez más, el mapa de Europa. Si los franceses supieron elevar los caracoles a la categoría de plato refinado, con su magistral receta “a la borgoñona”, y los italianos mantuvieron el imperial gusto por el simpático gasterópodo, los españoles hemos convertido su consumo en una fiesta regional y popular, condimentándolo fundamentalmente con vino, tocino, jamón, ajo, aceite, perejil, cebolla, tomate, hinojo, romero, pimentón y, sobre todo, guindilla, ya que, como dice el refrán, “caracoles sin picante, no hay quien los aguante”.
Así han surgido numerosas preparaciones, a cuál más deliciosa, que todavía se pueden degustar en numerosos restaurantes y “tascas” de las principales ciudades españolas. Y para el amante de este manjar, lento, parsimonioso, símbolo tanto de la autosuficiencia, como de esa lúcida visión de la vida en la que el tiempo es una decisión propia, nada mejor que un buen vino tinto de Graciano, cargado de taninos y aromas frutales.

aqui van esos vinos:

ALEX

Viñedos de Calidad.Resalta la frutosidad abierta y clara, con notas minerales. Es carnoso, con un paso de boca protegido por un tanino maduro y aromático. Aunque estará mejor dentro de un año, se puede beber muy bien ahora. . (hasta 6 Eur.)

CONTINO GRACIANO

Viñedos del Contino.Destacan en él sus aromas originales, notas de fruta fresca, sotobosque y recuerdos especiados de la madera nueva. Sabroso, con cuerpo y algo crudo todavía, es todo un carácter en el paladar. (6~9 Eur.)

IJALBA

B. Viña Ijalba, S.A.Estamos ante un vino muy original, con aromas plenos de frutosidad y muy potentes. Es carnoso y corpulento, y sin embargo conserva la finura necesaria para dar la sensación de equilibrio. (hasta 6 Eur.)

VALSERRANO

Bodegas de la Marquesa S M S. Color picota amoratado y alto de capa, como en su abanico de aromas. Notas de frutillos negros y minerales se funden en una buena madera. Con estructura en boca, necesita un período de reposo en botella.(hasta 6 Eur.)

receta de caracoles

Guiso de caracoles

Ingredientes para 4 personas:
– 1 kg de caracoles – 1 cebolla – 1/2 vaso de aceite de oliva – 1 diente de ajo – 1/4 de cucharilla de pimentón – 1 trozo de guindilla – un par de hebras de azafrán – 1 cucharada de perejil picado – sal. 1 hora y 15 minutos
Modo de preparación:
Lavar los caracoles muy bien, y cocerlos en agua. Cuando den un hervor, escurrirlos del agua y volverlos a lavar. Se vuelven a poner en otra cacerola, nuevamente cubiertos con agua, se añade sal y se ponen otra vez al fuego, dejando que hiervan de nuevo, escurrirlos del agua y reservar. Picar la cebolla menuda, y los ajos en láminas, y freírlos en una sartén con el aceite. Cuando la cebolla esté transparente, se añade el resto de ingredientes junto con los caracoles. Se añade un poco de agua y se deja cocer a fuego moderado hasta que los caracoles se desprendan fácilmente de la concha. Se sirven bien calientes.

Caracoles con tomate

Ingredientes y elaboración:
Antes de nada, decir que si son caracoles cogidos en el campo, es conveniente dejarlos unos días en casa, dentro de una red o en los recipientes que expresamente para estos, realizan los alfareros, por supuesto sin comida. Esto se hace con el fin de facilitar su lavado posterior. En cuanto a la cantidad, serán aproximadamente 2 kg. para cada seis personas.

Como se habrán quedado secos, se echan en agua y se mantienen durante un día entero, logicamente, se les pone una tapadera. A continuación, se les lava 5 ó 6 veces con el fin de limpiarlos totalmente. Una vez lavados, se introducen en una cazuela con agua, sal y una o dos hojitas de laurel. Se dejan hervir, y se les engaña con el fin de que saquen la cabeza.

Se corta una cebolla y un diente de ajo en trocitos muy menudos y se sofríe con un chorrito de aceite de oliva. Se les añade tres tomates maduros, pelados y cortados en tozos, más o menos grandes. Se deja unos minutos y se añade jamón serrano cortado en tacos, y unas rodajas de chorizo (aproximadamente 100 gramos de ambos). Se remueven y se añade una guindilla cortada en ruedas delgaditas. Se sazona y se incorpora a los caracoles, que habrán sido escurridos previamente. Se dejan hervir unos minutos con el fin de que los caracoles tomen el sabor de la salsa, y listos para servir. Aconsejamos que se preparen varias horas antes de su consumo para que estén más sabrosos, pero aún así, estarán para chuparse los dedos. No olviden acompañarlos con un buen vino de Rioja.

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